Foto Jesús Viveros/EL UNIVERSAL
El velocista jamaicano es un ejemplo de superación personal al dominar un mal congénito

Río de Janeiro.— Al nacer, el 21 de agosto de 1986, Usain Bolt pesó más de cuatro kilos; algo natural con un padre y un abuelo con estaturas de 1.95 metros y de complexión robusta.

Un niño sano, fuerte y con prisa por crecer. Así pasaron los primeros años del jamaicano, quien 18 años después y siendo ya la sensación del atletismo en su país, se enteró de que la zona lumbar de su espalda se desarrolló torcida. El diagnóstico fue claro, el pequeño padecía escoliosis. Aquel fantástico y fuerte cuerpo con el que nació no era perfecto.

Pero Usain, obstinado y perseverante, no estaba dispuesto a terminar así una prometedora carrera como velocista. No sin intentarlo todo.

De boca de sus amigos escuchó sobre un entrenador llamado Glen Mills, quien lo llevó con un médico alemán que le daría nueva vida a su cuerpo aquejado por una casi invisible cojera.

Comenzó así su camino a convertirse en el hombre más veloz del mundo. En un “Relámpago”.

El jamaicano de impresionante estatura cambió sus hábitos, dedicó horas y horas al ejercicio, miles de abdominales y trabajo lumbar para forjar unos músculos que protegieran su espalda de su padecimiento.

Pronto, Bolt comenzó a ganar carreras y confianza. De inmediato se convirtió en todo un fenómeno de las pistas. Su talento al correr lo llevó en poco tiempo a ser campeón mundial y un imán de las mejores marcas del orbe.

Así llegó a los Juegos Olímpicos de Beijing en 2008 donde se llevó el oro en los 100 y 200 metros planos además del relevo 4×100, hazaña que repitió en Londres 2012.

El velocista tiene además en su palmarés ocho títulos mundiales.

Ni Asafa Powel o Justin Gatlin han conseguido frenar el arrollador paso del deportista, quien además tiene una fundación en su natal Jamaica dedicada a apoyar a los que menos tienen.

Desde que llegó a Río de Janeiro Usain acaparó las miradas. Y es que Bolt, el hombre más rápido del mundo, destaca a simple vista con sus 1.96 metros de estatura y 86 kilogramos de peso.

El jamaicano, quien se dio tiempo para convivir con niños de la favela, busca crear el mismo efecto en las pistas del estadio Enganhao donde intentará repetir lo conseguido hace cuatro años y convertirse en el primer hombre en lograr nueve medallas en una justa veraniega.

Bolt anunció hace algunos meses que pretende poner fin a su grandiosa carrera en 2017 después de participar en el Campeonato Mundial de Londres. Un vacío que será muy complicado de llenar.

La vida del jamaicano en un hogar de clase media representa un digno ejemplo de superación personal ante complicados obstáculos.

Y aunque todo el mundo se pregunte cuál es su secreto para prácticamente volar en las pistas, la única que lo tiene claro es su madre Jennifer Bolt.

Son los tamarindos, se me antojaban mucho en mi embarazo y no podía dejarlos de comer, por eso él es tan veloz”, comentó.

 

http://interactivo.eluniversal.com.mx/online/PDF_16/rio2016-canal22.pdf

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