Foto Especial
La directiva del cuadro norteño llevó a CU dos autobuses para evitar posibles agresiones de radicales

Los Tigres midieron tan bien el ardor que generaría coronarse en territorio de la UNAM entre los aficionados de los Pumas, que decidieron proteger su salida.

La directiva del cuadro norteño llevó a CU el domingo dos autobuses, uno común y corriente, y el segundo, amarillo con el rótulo de vehículo oficial del club. La idea era salir en el que aparentaba ser uno más, mientras que el segundo serviría de señuelo para “engañar” a las barras capitalinas, en caso de que idearan alguna agresión hacia el equipo (ya ven que esas cosas casi nunca pasan por la cabeza de los radicales auriazules).

El engaño dio resultado y con esa medida se evitaron las posibles agresiones de una fanaticada dolida, molesta con la derrota de su equipo. Y los Tigres se les escaparon.

 

Una final fuera de control
Fue tal la falta de organización que tuvieron la Liga MX y los Pumas, como anfitriones de la final, que ambas instituciones tuvieron que echar mano de granaderos para evitar el contacto de la prensa con los jugadores.

Los uniformados, en cuanto vieron que los reporteros, que no eran de las televisoras dueñas de los derechos de transmisión, se acercaban, establecieron una cerca para los comunicadores. De pronto, comenzaron a empujarlos sin miramientos como si se tratara de barristas. Es más, ni siquiera con los radicales de ambos equipos se pusieron tan agresivos. Los jugadores de Tigres, con medalla en mano, la pensaron dos veces para acercarse a dar entrevistas al ver el caos que se generó en el estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.

 

Temen por Gignac
Entre los varios efectos colaterales provocados por la suspensión de Karim Benzema de la selección francesa, a causa del escándalo con su compañero Mathieu Valbuena, está el disgusto de los altos mandos de los Tigres.

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