Foto Juan Boites
El 20 de agosto, en la Arena Carioca 3, la taekwondoín tendrá la oportunidad de subir al podio olímpico por tercera vez

La medalla es suya al fin. Como una niña con juguete nuevo, María Espinoza observa esa presea áurea que pende de su cuello. Aún no lo puede creer. Examina una y otra vez el metal. Sus ojos brillan y la sonrisa es enorme. Tiene por fin entre sus manos, el anhelo de toda una vida.

La oriunda de La Brecha, en Sinaloa, al fin puede llamarse campeona olímpica. Gana la de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y corona así 15 meses de ensueño desde la conquista del título mundial en mayo de 2007 y el campeonato panamericano en agosto de ese mismo año.

Es el 23 de agosto de 2008 y la taekwondoín cuenta apenas 20 años de edad; más de la mitad de ellos preparándose para un momento así… sublime.

Cuatro más tarde, justo el 11 de agosto de 2012, María queda eliminada de la disputa por el oro en Londres y su ánimo se desploma.

Desanimada, la taekwondoín se recluye en el área de reposo de los atletas. Cabizbaja piensa en la dolorosa derrota. Ha perdido la oportunidad de ratificar el título obtenido en Beijing.

Directivos y familiares animan a la sinaloense quien saca a flote su férreo carácter y se dispone a ir por el bronce.

Es, en ese momento, quizá el más complicado en su carrera, cuando Espinoza recuerda las enseñanzas de su padre, Don Marcelino.

“El deporte es como la vida de un pescador tiene siempre sus altas y sus bajas; sólo los grandes saben salir a flote”, recuerda la taekwondoín al salir al tatami.

Es un día histórico para México en Londres. María, abanderada nacional, se levanta tras quedar eliminada en cuartos de final y regresa desde el repechaje para llevarse un meritorio tercer lugar.

Como si de un ave fénix se tratara, la deportista regresa a una justa veraniega mejor que nunca. Con 28 años llega a Río de Janeiro como la número uno del mundo y con todo a su favor para pelear por una verdadera hazaña: convertirse en apenas la segunda mexicana en subir al podio en tres ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos.

Aquella niña que se apasionó por el taekwondo luego de ver a Iridia Salazar en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 está cerca de convertirse en la atleta más ganadora del país. Pero ella se lo toma con calma, no pronostica ninguna medalla pues asegura que todo puede pasar estando en el tatami. Sólo promete dar lo mejor.

Los resultados de María no siempre han sido los esperados. No calificó a los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, pero regresó cuatro años después para ganar la plata en Toronto 2015, perdiendo en la final por punto de oro ante la estadounidense Jackie Galloway.

La tercera aventura veraniega de María será el próximo 20 de agosto en la Arena Carioca 3. Una vez más la taekwondoín tendrá la oportunidad de hacer historia y se declara lista para el reto que la colocará en un sitio privilegiado en el libro de las leyendas olímpicas mexicanas. 

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