Foto Édgar Luna
Francisco Javier Rodríguez es cobijado por los aficionados celestes

Una simple gorra no puede ocultar la espigada figura del Maza, Francisco Javier Rodríguez que busca el palco para ver el juego entre Cruz Azul y Veracruz.

Tres veces fue mundialista el defensa central, con ese currículum llegó a la Máquina, pero de poco le valió, la llegada de Tomás Boy lo exilió fuera del equipo base.

«No sé «,  es cosa del técnico dice a la pregunta de los aficionados que le piden fotos.

«No te vayas, al ratito se va Boy»,  aconsejan los hinchas y el Maza ríe nervioso, sin querer decir más, sin comprometerse.

La alineación de Cruz Azul se anuncia ante casi 10 mil personas que aún creen, todavía creen.

Cuando Christian el Chaco Giménez es pronunciado la poca lealtad que queda entre los azules lo reconoce, y el sonido local aprovecha para rápidamente mencionar a Tomás Boy, y los pitidos se ocultan entre aplausos.

El sol cae a plomo en el Azul, un estadio lleno de malos recuerdos, de mala vibra.

Aunque aún hay quien cree. Aún hay creyentes.

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